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 Asunto: Re: Orlando Lovera
NotaPosteado: Jue Ene 26, 2017 7:15 pm 
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Diego Lucio Nicolas Lara

Quiero expresar mi sentido pésame por el fallecimiento de Orlando Lovera y desearle a su familia una pronta resignación en un momento tan doloroso.
Suele decirse que el cargo de presidente municipal es el que demanda mayor dedicación de parte de un dirigente político, y que es a la vez el que refleja la mayor consideración de parte de los vecinos, que le otorgan a ese ciudadano la conducción de la casa de todos, que es la ciudad.
Cuánta consideración, cuánto afecto habrán tenido entonces los cerritenses por ese vecino al que le confiaron en cuatro oportunidades la conducción del municipio.
Cuánto orgullo habrá sentido merecidamente también Orlando Lovera por esa distinción de sus vecinos. Y no fue casualidad que así ocurriera, porque él fue un funcionario dedicado en forma absoluta a la gestión, pionero de varias políticas municipales en la provincia y de un proceder intachable signado por la contracción al trabajo y la honestidad. Además, por supuesto, de un impulsor del pensamiento de los partidos vecinalistas, esas expresiones políticas capaces de contener a personas de ideologías políticas diferentes trabajando todos en beneficio de la ciudad.
Hay muchos otros aspectos por los cuales esta muerte tempranera nos produce dolor, pero como dirigente político no quería dejar de señalar esta cualidad que le valió a Orlando ser considerado un referente del vecinalismo en la provincia, y así se lo recordará seguramente por muchos años.

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 Asunto: Re: Orlando Lovera
NotaPosteado: Jue Ene 26, 2017 7:36 pm 
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El Consejo Departamental Paraná Campaña del Partido Justicialista, manifiesta su profundo dolor por la lamentable pérdida de Orlando Lovera, haciendo llegar su más sentido pésame a familiares, amigos y vecinos de la localidad de Cerrito de quien fuera por tantos años su intendente, conductor político y por sobre todo un amigo.



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 Asunto: Re: Orlando Lovera
NotaPosteado: Lun Ene 30, 2017 7:24 pm 
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Evocación. Orlando Lovera, un recuerdo para un amigo muy especial

Réquiem para un hombre que recordó casi todo

Hay una vieja leyenda china que prefigura una génesis de la especie tan surrealista como romántica. Asegura, desde tiempos inmemoriales, que los hombres llegamos al mundo con todos los conocimientos de la humanidad y los secretos de la vida. Nacemos sabiendo todo. Pero es en ese momento que llega un ángel y con un beso se produce el olvido del bagaje de sabiduría y todo queda en blanco. De este modo la vida no es aprender ni aprehender, sino más bien recordar. El fuego íntimo de la existencia es desplegar el arte de recordar lo que se nos ha quitado, y cada uno es más o menos completo conforme su talento se agudiza.
Esta semana murió un hombre que llegó al final de sus días recordando casi todo.
Orlando Lovera venía luchando a brazo partido desde hace algunos años contra un cáncer con un decoro envidiable, y finalmente, cuando parecía que lo tenía doblegado, éste recuperó fuerzas y no le dio chances. Hasta el respiro postrero mantuvo la gallardía de quien sabe lo inevitable y prepara a los suyos para la aceptación de los ciclos con la naturalidad que tiene el amanecer y el crepúsculo.
Había recordado las virtudes de la dignidad y la hidalguía. En buen romance, lo que se dice todo un caballero.
Pero muchas cosas más logró recuperar Orlando Lovera en este paso, con sentido voluntario y volitivo, y estrujó la vida hasta su última gota e irradió tanto como pudo ese néctar sagrado que nunca supo guardar para sí y se empeñó en entregarlo desinteresadamente.
Empresario; ex intendente por 16 años en su pueblo natal, Cerrito; padre de cinco hijos, hombre de fe y dador de confianza, y, especialmente, impulsor de la amistad en un culto infranqueable.

Valores.
Yo lo conocí la mañana del 2 de mayo de 1994. Como vendedor de una AFJP del cual era promotor lo contacté ocasionalmente y fue mi primera ficha. Ni él ni yo creímos en el sistema, pero era inevitable la transacción. Para él fue un pedido del gerente del banco local al que no podía evitar; para mí un necesario empleo al que accedí, también, para embarcarme en los pormenores de las cuestiones económicas y financieras en el perfil que quería para mi carrera profesional. Sin convicción, no duré mucho en el cargo.
Ese día conversamos unos minutos y nos entendimos bien; porque si compartir es una buena cosa, arribar a puntos de vista comunes puede ser un comienzo promisorio. “Cuando termines te espero a comer en casa, mi vieja hace una milanesas increíbles”, me conminó sin opción ni ganas de contradecir.
Él era un muchacho vital, de hablar pausado e ideas firmes, y por eso días se encargaba de los trámites bancarios del almacén de ramos generales que tenía por entonces 75 años y que había sido fundado por su abuelo –y que por entonces administraban su padre y su tío- en un viejo caserón que había pertenecido en el siglo XIX al gobernador José Francisco Antelo y que había nacido como un pequeño hotel y boliche de campo que debía proveerse en carro desde Paraná en un viaje infinito.
Su padre murió algunos meses atrás, a mediados de 2016, semanas después de haber cumplido su negocios el primer centenario, y eso le inflaba el pecho a ambos.
Generosa su madre por las milanesas, generoso Orlando por la kilométrica sobremesa que se prolongó hasta bien entrado los mates del sosiego pueblerino.
Eran tiempos de Gaspar Carlino como intendente, el viejo médico rural que fue empujado por los vecinos –como lo harían luego con él- a ser intendente y de quien abrevaría en honestidad y capacidad.
Pero ese día me habló de sus proyectos empresarios. De la necesidad de reconvertir el viejo almacén de la esquina y darle un impulso empresario nuevo y moderno en la transición que se abría a poco tiempo de asumir las riendas del lugar. Emprendedor y visionario nato, había decidido aplicar sus conocimientos y estudios en management, pero no sólo pensando en su empresa sino en que Cerrito estaba necesitando un estímulo para ingresar a negocios más modernos, empleo genuino y la necesidad de comenzar a instalar fábricas y nuevos servicios para el mundo que inevitablemente comenzaba a cambiar de forma vertiginosa.
Su sencillez y hondura moral eran muy poco común, y ese día llegué a mi casa con la seria convicción que había sumado un nuevo y gran amigo. Habíamos nacido con meses de diferencia y, con todo respeto a su memoria, abrazábamos algunos sueños comunes.
Ese sentido estratégico lo aguijonearía para hacer un gran comercio en la esquina principal de Cerrito y lo llevaría luego, durante sus gestiones, a convertirse en un impulsor de la actividad privada con la radicación de la fábrica de cartuchos Active, de capitales vascos –que lo llevó incluso a viajar a España para seducir a su titular- la creación del aún incipiente parque industrial, la incentivación a la creación de Pymes en base calidad para ser proveedores de las grandes empresas de Paraná, la construcción de biodigestores de gas a base de residuos orgánicos, siendo los primeros en Entre Ríos, pero también la defensa férrea del proyecto Red Comercial Rutas 127/12, que impulsa la proyección y reconversión solidaria de pequeños emprendedores de la zona rural del noroeste entrerriano y que convocan a varias entidades de la sociedad civil y el Estado.
De sensibilidad y memoria increíbles, había logrado un trato con las personas de gran respeto y conocimiento, y su inquietud lo llevó a conocer cada movimiento de su pueblo y se interesaba por las cosas de la Entre Ríos. Preguntón y analítico, no resignaba su tozudez por enfrascarse en proyectos, muchos de ellos leoninos, y había recordado también la virtud de expresar sin ruborizarse frases como “no conozco”, “tengo dudas” o “no puedo precisarlo”. Sin vanidad ni soberbia caminaba por las calles de su pago chico con el orgullo del abrazo y saludo amable de todos y cada uno de sus coterráneos, a los que recordaba por su nombre y le dedicaba unos minutos para ver cómo iban sus cosas. Algo poco común para un empresario y dirigente político de estos tiempos.

Dirigente.
Cuentan en su entorno que Néstor Kirchner quedó encantando de la personalidad de ese joven dirigente la única vez que estuvo por un día en Cerrito, y tanto Sergio Urribarri como Gustavo Bordet tenían problemas en su acción política porque siempre prefirieron manejarse con este joven intendente y pasaban más tiempo con él que con sus propios referentes peronistas de la ciudad. Tanto es así que fue tentando en la gestión anterior para sumarse a las filas del partido de gobierno, cosa que siempre desechó para no repetir la experiencia de Carlino que terminó subyugado por la oferta legislativa de Sergio Montiel.
Prefería perder por goleada el partido con sus amigos vecinalistas y ascender paso a paso con sus ideas que acelerar procesos inciertos.
Sus amigos no eran otros que el puñado de intendentes del movimiento vecinalista entrerriano, al que él le puso gran voluntad para institucionalizarlo y hacerlo crecer. Ellos lo lloran hoy en un momento aciago.
Incluso el inefable Guillermo Moreno –ex secretario de Comercio Interior de la Nación- se había vinculado a él en virtud de la confianza que le generó luego de algún gestión realizada en Buenos Aires por los pequeños productores de la región-y lo llamó personalmente cada vez que necesitaba información precisa e independiente de la provincia o para putear por los desvaríos de algún ministro urribarrista. Esta infidencia o define de cabo a rabo.
Gran estudioso y lector, se levantaba y recogía EL DIARIO bajo su puerta como primera acción, y su día comenzaba con la planificación de un prestidigitador. Y entonces, lo recuerdo tantas veces llamando por teléfono para comentar alguna noticia, felicitar por alguna opinión de algún periodista o aspirando a conocer lo que no se publicó de tal o cual noticia.
Se sentía orgulloso de la cultura del orden y el respeto que se vivía en Cerrito, y si bien había recordado el don de la delegación, no dudaba en asumir personalmente la resolución de sus problemas. Empero, fue capaz de expresar firmeza cuando fue necesario, y no pesaron los avatares del liderazgo, que ejerció siempre bajo el concepto de trabajo en equipo.
La política como servicio público hubo de ser, sin dudas, su gran pasión, y no conoció ambición que lo hiciera mover un ápice de este apotegma.
De perfil bajo, vivir austero, lo entusiasmaba cargar una vieja Estanciera que había remodelado, cargaba su lancha y buscaba los atardeceres de la vieja casita, frente al río, que había heredado de su padre en Pueblo Curtiembre. De permanente buen humor bromeaba con sus hijos todo el tiempo, a los que nominó con nombres italianos, quizá para rememorar la gesta inmigratoria de su bisabuelo que llegó sobre el filo del siglo XX en un barco desde la península a lo que era por entonces la Colonia Cerrito.
Sin embargo, había recordado la capacidad de mantener los límites con ellos que muchos padres no siempre contamos, y se sentía orgulloso de que ellos practiquen deportes en los complejos deportivos del pueblo que se fundaron durante su gestión como intendente.
Sus vecinos lo recordarán también por apoyar y coordinar acciones para los clubes, y se molestaba sobremanera cuando la política ingresaba a las asociaciones de la sociedad civil como plataforma de lanzamiento de algún fulano trasnochado.

Amigo.
Supongo que hay una alta cuota de admiración de mi parte hacia este muchacho sensible. Pero envidiaba su manejo del arte de la pesca, en todas sus variantes, y del cuchillo para destripar y despostar los pescados. Tenía, además, una puntería considerable, pero no le gustaba mucho la caza. Prefería las calmas puestas de sol sobre la lancha conversando y tomando mates. Y, como un sutil ajedrecista fue capaz de retomar la charla en la jugada abandonada varios meses atrás, sabiendo dónde había quedado anclada cada pieza.
Esas pescas de río abajo tarreando o buscando el dorado en la corredera no fueron otra cosa que una gran excusa para conversar a lo largo, ancho y profundo de la vida. Lo hacía con sus hijos y sus amigos. Todo este tiempo nos habíamos dedicado muchas de estas páginas que íbamos llenando como el paso lento del primer día y que él sabía imprimir a las relaciones.
Su muerte me encontró lejos, más lejos de lo que hubiese deseado, y no pude acompañar a su esposa que lo apuntaló siempre y le debo aún un fuerte abrazo a sus hijos, con el mismo cariño que él expresaba por los míos. La angustia ante la trágica noticia fue tan desgarradora como la mía, porque me había tomado la prevención de no mantenerlos informados acerca de su salud.
Orlando Lovera murió como vivió. Luchando en silencio, sin grandilocuencias ni desparpajos. Prefirió el calor de los suyos y dejar la simiente de la resignación y la fortaleza de la esperanza.
He dejado caer al Pacífico gran parte de mis lágrimas por la pérdida de un amigo especial y un ciudadano irrepetible. No obstante me he guardado algunas para arrojárselas en un irreal último gran encuentro.
Por lo demás, me quedará la jactancia de haber sido amigo tantos años de una persona que supo recordar casi todo de la vida. Y digo casi, porque en su humildad no hubiese permitido que se dijera que lo sabía todo. Su vida se trató precisamente de eso: dar un primer paso cada mañana, contemplativo, preparándose para la sorpresa que ese día guardaba para su vida.

29 de enero de 2017 - Gustavo Sánchez Romero – Dos Florines / EL DIARIO



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